lunes, agosto 20, 2012

Hijos de Marx y de la Coca Cola

SOÑADORES (2003)


Hubo un tiempo en que se soñaban con utopías. Fue a finales de los años sesenta, la rebelión en las aulas universitarias, la famosa Nouvelle Vague, la izquierda de la izquierda, la contestación, el movimiento hippie, el pacifismo, la libertad sexual, el feminismo, las primeras minifaldas.
Las revoluciones siempre las habían organizado gentes de la tierra, los desahuciados, los perseguidos, los marginados. La Revolución Francesa de los sans culotte, la Revolución mexicana de Pancho Villa y Emiliano Zapata, la Revolución proletaria de la Unión Soviética y la de China. Todas ellas dirigidas por gentes humildes pero con verdaderas ansias de cambiar el futuro y labrar un porvenir digno para toda la humanidad.


Pero un día apareció una extraña revolución organizada por los hijos de quienes han provocado todas las injusticias, unos niñatos hijos de papá que cada mes cobran un cheque para sus gastos, con unos papis que sufragan todos sus caprichos y que se creen Danton, Lenin, Trosky. Se reunían en cafeterías para hablar de lo divino y de lo humano, sus teorías eran extravagantes y extrañas. Eran fruto de la mala conciencia, del sentimiento de culpa por la injusticia del mundo que nos tocó vivir.
Gente que se decía maoísta, olvidándose o ignorando que Mao Zedong era un tirano y un genocida, los mismos chinos se llevaban las manos a la cabeza cuando oían hablar de ellos, y encerrados en su torre de marfil soltaban los mayores dislates mientras en la calle se organizaba una gran zapatiesta, el Mayo 68 francés.
Ese es el ambiente de Soñadores (2003) de Bernardo Bertolucci, debut cinematográfico de Eva Green, una de nuestras más queridas musa


Soñadores tiene un cameo de Jean-Pierre Leaud, el rostro más habitual de los filmes de la Nouvelle Vague francesa. En el mimo recrea su propio personaje, un discurso que realizó frente a la  Cinémathèque de París, actual Musée du Cinema.
Henry Langlois, su director, fue destituido y los cinéfilos se encadenaron a las puertas de la Cinémathèque. Incluso tuvieron que intervenir los antidisturbios. 

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