jueves, abril 21, 2011

CINEMA PARADISO
CINE Y RECUERDOS

Philippe Noiret y Salvatore Cascio

Hace ya varias semanas que adquirí una copia de Cinema Paradiso en DVD. Pero como tenía muchas por ver ha ido quedando relegada una y otra vez hasta que por fin me he decidido a visionarla.
Aparte de sus valores cinematográficos, muy evidentes naturalmente, he de confesar que a mí me ha traído recuerdos de otros tiempos. Las situaciones a muchos les pueden resultar esperpénticas, pero no. Se equivocan. Son reales como la vida misma.
En los pueblos de Cataluña, donde nací y me crié, de la zona que vivo, las comarcas del Baix Camp, sin ir más lejos. Allá por los años 50, en los cines de pueblecitos de la provincia de Tarragona solían alquilar las mismas películas, y con un coche las iban pasando de pueblo en pueblo bobina a bobina por lo que una proyección se hacía interminable.
Las reacciones del público se reproducían no sólo en los pueblos vascos o catalanes en los que pasé mi infancia sino también en algunas salas de Reus como el Sala Reus o el Teatro Bartrina que en aquellos años estaban concurridos por la población inmigrante andaluza que era muy ruidosa. Gritaban, silbaban, pataleaban. Incluso en el Teatre Fortuny a veces me daba vergüenza ir por el comportamiento del público, razón por la cual adquirí la costumbre de ir entre semana cuando la afluencia era menor. Los de Tarragona incluso eran peor.
Las escenas con besos o aquellas en que alguna actriz enseñara algo más de carne de lo habitual, unos inocentes trajes de baño o faldas cortas provocaban toda clase de aspavientos, silbidos, pataleos y eso que dicen que los catalanes somos un pueblo serio, si no lo llegásemos a ser ni os cuento de la hecatombe que se avecinaría.
La película de Tornatore me ha traído recuerdos de esa época, en que aprendí a amar al cine en la sacristía de la Parroquia de Cristo Rey, donde mi párroco ofrecía sesiones infantiles con películas cortas de Charlie Chaplin y Stan Laurel y Olivier Hardy. La Escuela del Trabajo, el Orfeó Reusenc, el cine Avenida y uno de mis primeros juguetes, un proyector Pathé Baby que proyectaba cintas de papel con Carpanta y Zipi y Zape.
No tuve la suerte del personaje central de Cinema Paradiso, me encontré un lunático por el camino que me perjudicó mucho, pero de todas formas los recuerdos más remotos han revivido al ver tan espléndido filme.

Jacques Perrin y Pupella Maggio

TÍTULO ORIGINAL Nuovo Cinema Paradiso AÑO 1988 DURACIÓN 123 min. PAÍS Italia DIRECTOR Giuseppe Tornatore GUIÓN Giuseppe Tornatore MÚSICA Ennio Morricone FOTOGRAFÍA Blasco Giurato REPARTO Philippe Noiret, Jacques Perrin, Salvatore Cascio, Agnese Nano, Brigitte Fosey, Marco Leonardi, Antonella Attiu, Enzo Cannavale, Isa Danieli, Leo Gullota, Pupella Maggio, Leopoldo Trieste PRODUCTORA Coproducción Italia-Francia; Les Films Ariane / Cristaldifilm / TFI Films / RAI
PREMIOS 1989: Oscar: Mejor película de habla no inglesa
1989: Globo de Oro: Mejor película extranjera
1989: Festival de Cannes: Premio Especial del Jurado
GÉNERO Drama | Melodrama. Cine dentro del cine. Drama romántico

domingo, abril 10, 2011

LA EXTRAÑA PAREJA (1968)

Jack Lemmon y Walter Matthau

La comedia La extraña pareja se convirtió en un clásico de Broadway con Art Carney y Walter Matthau de protagonistas. Escrita por Neil Simon, la tama planteaba la posibilidad de dos divorciados que por azar viven juntos provocando una situación imposible.
El enorme éxito de la obra provocó su paso al cine dirigidos por Gene Sacks, pero los productores en busca de la comercialidad cambiaron al actor protagonista por Jack Lemmon que gizaba entonces de un caché superior y de paso reunió a la pareja de En bandeja de plata de Billy Wilder.
En 1968 la película se convirtió en todo un clásico de la comedia aunque la realización estaba lastrada por el origen teatral de la misma y la química de los dos protagonistas volvía a funcionar una vez más conformando la mejor pareja cómica desde Laurel y Hardy. Lemmon y Matthau volvieron a repetir numerosas veces con Billy Wilder u otros directores, convirtiéndose en todo un icono del género.

Como toda pareja cómica la comicidad se basa en el contraste de caracteres. Jack Lemmon (Felix) aquí es un hombre obsesionado por el orden, algo femenino, que se dedica a limpiar la casa y a cocinar de forma pertinente y contumaz, mientras Walter Matthau (Oscar) es desordenado, desgreñado y en cierto modo grosero. La convivencia se hará imposible.

Aunque la versión cinematográfica sea sólo correcta, su triunfo en taquilla fue importante y popularizó la obra en todo el mundo. Pasó a la televisión con Tony Randall y Jack Klugman en 1970 y mucho tiempo después a la escena española con Paco Morán y Joan Pera durando muchos años en cartel.
La extraña pareja otra vez (1998) de Howard Deutch fue una continuación de la película original con la última aparición conjunta de la pareja Lemmon y Matthau que fueron desapareciendo pocos años después. Una operación comercial que provocó el desagrado de la crítica y una discreta aceptación en taquilla cayendo pronto en el olvido y si en la actualidad está editada en DVD es debido al afán completista de los admiradores de ambos comediantes.
Vista en la actualidad, La extraña pareja (1968) conserva todo su encanto aunque su técnica esté ya desfasada. Nadie en la actualidad rueda adaptaciones teatrales en escasos decorados conservando además la estructura de procedencia. Casi toda la comedia transcurre en un único decorado con algunos momentos de exterior debidos a que producción trate de disimular levemente su origen.
El juego de los dos actores principales es fundamental en la buena marcha de la película y la chispa de Simon, aunque carente de visión cinematográfica, consigue mantener la atención durante hora y media del metraje. Los dos personajes están muy bien dibujados, así como todos los secundarios. Dos personajes extrañables en una convivencia imposible.
En cuanto a la continuación treinta años después tenía un aire nostálgico, el de un ciclo que se cerraba para siempre y era el canto de cisne de dos grandes de la comedia. Pero desgraciadamente la realización y el guión son discretos y poco interesantes.

Christine Baranski, Walter Matthau, Jean Smart y Jack Lemmon

jueves, abril 07, 2011

Un clásico de la cultura estadounidense


SHOW BOAT (MAGNOLIA, 1951)

Edna Ferber (15 de agosto de 1885 – 16 de abril de 1968) fue una popular novelista norteamericana que en 1926 obtuvo su mayor éxito con Show Boat. En 1952 volvió a triunfar con Gigante que en cine conocemos por la versión de George Stevens con James Dean y Elizabeth Taylor, pero esta vez nos interesa hablar de su anterior éxito basado en historias sureñas en la época del esclavismo y de la segregación racial. La propia Edna había trabajdo de joven en un teatro flotante, el James Addams Floating Theatre que surcaba las aguas del Río Misisipi en Carolina del Norte.
En algunos filmes del Oeste aparecen estos navíos fluviales pero reconvertidos en hoteles o casinos flotantes. Se sabe por las biografías de Oliver Hardy que en su juventud se ganaba la vida como cantante en estas embarcaciones tan celebradas en su tiempo.
En la novela conocemos el Cotton Blossom, al capitán Andy y su hija Magnolia. Entre otros personajes está el matrimonio afroamericano Joe y Queenie, también Parthy, a mujer marimandona de Andy y Julie Laverne, una actriz de tormentoso pasado.
El empresario teatral Florenz Ziegfeld se interesó y Jerome Kern compuso unas piezas musicales inolvidables como el célebre Ol' Man River, una de las canciones más famosas de la historia. Oscar Hammerstein II se compuso del libreto que obtuvo un éxito arrollador en Broadway creando lo que en los Estados Unidos se considera el "padre del musical norteamericano".
En 1929 se llevó al cine con Laura LaPlante como protagonista y dirección de Harry Pollard. La versión más larga que se ha producido de la famosa obra con fragmentos mudos y sonoros, pero desgraciadamente éstos se han perdido y la cinta se suele exhibir incompleta. En TVE se vio una copia sin banda de sonido desluciendo su exhibición.
En 1936, Show Boat o Magnolia vuelve a las pantallas con un director importante, James Whale, autor de los dos Frankensteins más célebrados con Boris Karloff. Aunque muchos se rasgarán las vestiduras, considero dicha película la mejor de su director o, al menos, la que más me gusta. También la versión que prefiero pese a que la de 1951 cuenta con uno de mis directores predilectos, George Sidney.
La exquisita Irene Dunne es aquí Magnolia, la ingenua hija del capitán Andy (Charles Winninger) que es embaucada por un galán de río, Gaylord Ravenal (Allan Jones) quien la apartará de su plácida vida en el río y la arrastrará a una vida falsa que la hundirá en la ruina.
Aquí, las versiones difieren porque si en 1951, una vez abandonada y embarazada, Magnolia regresa al hogar, en la versión de Whale inicia una carrera de actriz que la llevará al estrellato.
El meticuloso Whale nos muestra numerosos detalles de la vida del sur, de cómo eran las representaciones en aquel tiempo, de cómo el público chistaba cuando aparecía el villano. Además muestra el racismo de la época. La población negra entra por otra puerta y se aloja en el anfiteatro, los blancos en el patio de butacas.
Por otra parte la obra gira alrededor de Julia Laverne (Helen Morgan), la actriz principal de la compañía fluvial, que resulta ser hija de un blanco y una negra, pasando por blanca a causa de su tez clara.
Además, como atractivo principal tenemos en el reparto a dos leyendas de raza negra como Hattie McDaniel que años después triunfó en Lo que el viento se llevó, y Paul Robeson, fabuloso cantante de voz profunda cuya carrera se hundió por sus convicciones políticas. Este actor afroamericano era de una gran altura intelectual, hablaba veinte idiomas, entre ellos el castellano y después de rodar esta película y cantar el espléndido Ol' Man River viajó a España para ayudar a la República alistándose en el batallón Lincoln. Según cartas aparecidas en la prensa española, algunos paisanos le conocieron personalmente porque llamaba la atención adonde fuere. Hablaba un castellano perfecto y colaboraba como camillero en servicios médicos. Además, en la Guerra Civil española, fue la primera vez en la historia de los Estados Unidos que en un ejército norteamericano blancos y negros convivían como iguales luchando codo con codo mientras que en las guerras mundiales vivían segregados.
El auge de los musicales Metro una vez pasada la Segunda Guerra Mundial propició una tercera adaptación a todo color dirigida por George Sidney. Antes en 1946, en la biografía de Jerome Kern, Hasta que las nubes pasen (1946), el filme arrancaba con escenas de Magnolia con una soprano que triunfaba entonces en Broadway, Kathryn Grayson. Como actriz era limitada y no demasiado apta para el cine, pero sí transmitía una personalidad encantadora y agradable.
Así que repitió el papel de las reposiciones de la obra en Broadway y el citado filme en la nueva versión colorista obteniendo un importante éxito.
El embaucador Ravenal corrió a cargo de Howard Keel, muy adecuado para el personaje y entonces galán de moda. Mención aparte se recen los actores que encarnaron al capitán Andy y su marimandona esposa, los siempre entrañables e impagables entre los impagables, Joe E. Brown y Agnes Moorehead. Desgraciadamente los papeles del matrimonio afroamericano quedan reducidos a su mínima expresión, Queenie apenas aparece y Joe sí canta su canción pero aparece muy desdibujado. William Warfield en cambio puso el alma en su interpretación de la famosa canción Ol' Man River que llamó la atención de todos los públicos, pero su carrera fue fugaz dedicándose a la enseñanza.
En cambio creció el papel de los actores secundarios de la compañía, Marge y Gower Champion, un matrimonio de bailarines famosos de la época, nos sorprenden con sus impresionantes números coreográficos. Además, como Julia Laverne nos encontramos a la bella entre las bellas Ava Gardner, una actriz que en cierto modo basó su carrera en su atractivo físico innegable.
Si estéticamente la versión de Sidney es impecable, se echa de menos lo que se ha perdido de la versión anterior. Whale era un director mucho más profundo, más detallista. Sidney en cambio es más esteticista. Pero ambas versiones son de gran altura y si es de agradecer que la colorista siempre está en las estanterías de DVDs, recientemente encontré una buena copia, la de Whale es ignorada por nuestros editores. De la muda ni os cuento.
Esos teatros flotantes han aparecido además en películas de Bud Abbott y Lou Costello, Judy Garland, pero con otros argumentos alejados del que nos ocupa. Yo desconozco si en la actualidad continúan existiendo o han desaparecido para siempre. Eso sería una lástima porque resultan agradables y románticos, llevar la diversión y el espectáculo de puerto en puerto a lo largo de un trayecto fluvial con variedad de paisajes. Sería hermoso vivir así y llevarse el teatro a cuestas.

Cartel de la versión de Broadway

La versión de 1936

Paul Robeson, Irene Dunne, Hattie McDaniel y Helen MorganVersión 1936
Howard Keel, Kathryn Grayson, Joe E. Brown, Agnes Moorehead, Robert Sterling y Ava Gardner, Versión 1951

Un teatro flotante

domingo, abril 03, 2011

NIE WIEDER LIEBE (1931)
(NO MÁS AMOR)


Estamos ante una de las primeras películas de Anatole Litvak que en algunos lugares algo despistados llaman cine del holocausto por haberse rodado en Alemania.
Nie Wieder Liebe, que se podría traducir como "¡No más amor!", es hija de la República de Weimar en un país aquejado de una fuerte crisis, Alemania, que en breves años cayó en brazos del Partido Nacionalsocialista, un monstruo que fue engendrado no sólo por los alemanes sino por todos los europeos en las durísimas condiciones de la Paz de Versalles y en una crisis brutal con diez millones de parados.

Lilian Harvey, Harry Liedtke y Anatole Litvak

El punto de partida son las andanzas de un tenorio adinerado (Harry Liedtke) que es estafado por sus conquistas. Harto de ser blanco de tanta mujer sin escrúpulos fleta un barco y su mayordomo Felix Bressart (actor judío que tuvo que huir a los Estados Unidos y a quien hemos visto en numerosas películas de la época) recluta en los bajos fondos a los seres más siniestros que también huyen del género femenino.
En este barco tienen un lema, "¡No más amor!", y surcan los mares y los océanos cantando una canción contra esos seres que tantas veces les han engañado. En fin, pasan cuatro años, y cerca de Inglaterra descubren un náufrago que resulta ser nada más y nada menos que una bella mujer (Lilian Harvey, la gran estrella de los estudios alemanes en aquel tiempo), una estafadora que ha escapado de presidio.
La mujer sabrá manejarles como es debido. Entre la tripulación incluso nos encontramos a un sevillano (Raoul Lange, un actor argentino del que tenemos pocas referencias).

Al mismo tiempo que se rodaba la versión alemana, en los mismos estudios se rodó otra en francés con la misma Lilian Harvey que en España se estrenó como Pez de tierra. Calais-Douvres (1931) la versión francesa con André Roanne y Armand Bernard

Vista en la actualidad, en pésimas condiciones, la versión alemana ya que la francesa no hay forma de localizarla, sorprende por su desparpajo. Una película alegre en un país que iba al desastre, en unas condiciones difíciles, y que nos muestra una cara amable con esta comedia excéntrica que en su día gozó de gran éxito. Los coleccionistas de películas nos encontramos mucho Hollywood clásico, pero pocas películas de otras latitudes.
Alemania cayó en la dictadura nazi y el doctor Goebbels se cuidó de prohibir y de hacer desaparecer muchas de esas obras que daban una imagen de Alemania que no les convenía. Después los soviéticos y los demás aliados desmantelaron y destruyeron la industria cinematográfica alemana que padeció una doble opresión. La de los nazis y la de los imperialismos soviéticos y hollywoodenses que aprovecharon la ocasión para deshacerse de un peligroso rival.
Actualmente estas películas han caído en el olvido, pero cuando tenemos oportunidad de visionarlas nos encontramos con obras desconocidas que nos sorprenden por su frescura y por la imagen rota de un país que pudo ser grande y se hundió en la mayor miseria humana.
Y siempre es un placer reencontrarnos con Lilian Harvey que acabó por hacer las maletas para viajar a un Hollywood en el que no tuvo éxito y de ahí, tras algunas películas, al olvido que no se mereció.