jueves, noviembre 10, 2011

El entrañable Teatre Bravium

LA ROSA DEL AZAFRAN 


Ayer me pasé por el Teatre Bravium, hacía décadas que no iba e incluso creía que había dejado de existir.
Al entrar tuve una sorpresa muy agradable, la representación de una zarzuela  en el año 1960 que yo viví con cariño. Se trataba de una representación de actores no profesionales, vecinos de la ciudad que se dedicaban a estos menesteres.  Era gente agradable, entrañable.
Recuerdo haber visitado los camerinos antes de la representación con los actores haciendo pruebas de voz. Los ensayos. El mundo de la farándula me fascinaba.
Me ofrecieron debutar como actor entonces, a los diez años que tenía pero no fue posible por mi timidez que era patológica y me daba vergüenza de que me viera la gente.
Toda mi vida he estado lamentando haber perdido esta oportunidad que hubiera recordado con mucha ilusión, pero mi futuro ya estaba trazado aunque tuve que esperar mucho tiempo para subirme a un escenario.
Paradójicamente fue en el mismo recinto donde debuté como director teatral once años después. A los 21 años con Tango de Wladomir Mrozeck, una obra espesa y complicada. ¡Ay, Dios! ¿Porqué me van las cosas rebuscadas?

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