sábado, junio 11, 2011

CAYERON LAS MÁSCARAS

Corría el año 1905, en Rusia, tras haber padecido una humillante derrota en su guerra contra Japón, se padecía el caos económico y sus consecuencias inmediatas: la hambruna, el desempleo, la pobreza, la marginalidad de bastas capas de la población que, harta ya de la situación, organizó en San Petersburgo una gigantesca y pacífica manifestación portando retratos del zar. Manifestación recreada con propiedad en la película Doctor Zhivago que muchos cinéfilos recordarán.
Aquella pacífica manifestación de un pueblo pidiendo prosperidad y estabilidad económica fue ahogada por la carga de los cosacos por orden del zar Nicolás. Un centenar de rusos, hombres y mujeres, cayeron bajo las balas represoras. Pero aquel genocidio no ahogó la revolución, sino que fue el germen que la hizo nacer doce años después. Primero en febrero, una revolución burguesa expulsó al zar del gobierno e instauró un gobierno provisional. Aleksandr Fiódorovich Kérenski, un socialdemócrata, fue presidente. Pero Rusia había sido metida en una guerra mundial con numerosas bajas, volviendo miles de cadáveres del frente o en su defecto frías notificaciones a sus familiares en las que se informaba que el hombre de la familia, padre, hermano, esposo o hijo, ya no iba a volver más porque una vil bala había acabado con su vida.
El pueblo no pudo más, en octubre de aquel mismo año, los bolcheviques asaltaron el Palacio de Invierno y pusieron al zapateril Kerensky en fuga hacia París. Una nueva sociedad estaba a punto de nacer.
España, 10 de junio de 2011. Las plazas ocupadas por ciudadanos de todo el estado, hombres y mujeres, jóvenes y maduros (la palabra "viejo" no es políticamente correcta), en forma pacífica pidiendo un cambio de sistema.
La respuesta del nuevo Kerensky ha dio clara. Como en los más oscuros años del franquismo porrazo y tentetieso.
Primero fueron los bocazas nacionalistas con sus machos d'esquadra. Luego Valencia. Actualmente el resto de la Península.

Hoy ha sido día de repartir coscorrones y estopa a los ciudadanos que utilizaban su legítimo derecho a manifestarse. Aplauso de sus siervos, aduladores y demás Raholas. La demodesgracia del parloteo, sonrisa hueca y palabras vacías ha sido sustituida por un cagatió masivo y fascistoide que creíamos ya enterrado.
La democracia de las falsas promesas, amargas realidades, está ya fiambre y como a todo buen cadáver sólo le resta el entierro entre lloros y plañideras. Lástima. Podría haber sido muy bonito pero no.
Los españoles ya hemos tenido nuestro 1905, ya ha empezado el camino para nuestro octubre y nuestro asalto al Palacio de Invierno.
Kerensky Zapatero puede seguir sonriendo, pero espero que por muy poco tiempo.

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