lunes, mayo 09, 2011

LA MUERTE DEL WESTERN CLÁSICO

La gran diferencia del cine clásico al actual es que los actores de antes conseguían una completa identificación con el público, convirtiéndose en algo más que simples intérpretes sino en amigos, cómplices e ídolos de los espectadores.
Uno de esos grandes mitos del cine, sobretodo del western, fue el gran John Wayne que en aquellos tiempos era muy contestado por sus ideas políticas conservadoras aunque nunca se analizaron en profundidad.
La mayoría de los escritores cinematográficos se han dejado llevar por las modas, por corrientes de opinión, convirtiéndose en clones seguidores del gurú de turno. Si en aquella época estaba bien visto ser de izquierdas casi todos seguían estas tendencias de forma acrítica y mimética.
Por eso, John Wayne, considerado representante de una ideología tildada de "fascista", recibió numerosos varapalos aunque el tiempo ha dejado las cosas en su sitio. Es verdad que su ideología es, y debe ser, discutible porque para eso los seres humanos tenemos raciocinio y facultad de pensar, analizar y elegir la postura adecuada en cada momento de la historia.
John Wayne es el más genuino representante de una cultura que tendrá sus contradicciones, pero que es real. El western de los pioneros del salvaje Oeste, una epopeya dura y difícil que llevó a convertir a los Estados Unidos en la primera potencia mundial aunque a muchas veces los métodos empleados eran poco honorables.
Estos comentarios vienen a cuento por el sentido de esta espléndida película de Don Siegel, El último pistolero (1976) que ABC nos vendió este fin de semana con la compra de su periódico a precio módico. Una última reflexión sobre el Salvaje Oeste, una película crepuscular sobre la muerte de un género y de una cultura que estaba quedando desfasado por el progreso de la humanidad. Los antiguos pistoleros quedaban atrás, eran reliquias del pasado porque en el mundo moderno no tienen cabida.
Era el adiós del gran John Wayne, su última película, porque le quedaba poco tiempo de vida y se estaba apagando para siempre dejando como legado una filmografía desigual con muchas mediocridades pero también grandes obras maestras dirigidas por John Ford y Howard Hawks, entre otros.
El último pistolero es una reflexión sobre un mundo que fue mitificado, con unos héroes que todo lo resolvían a balazos, violentos y agresivos, que ya estaban periclitados con sus cuentas pendientes y sus errores que a nada conducían. Un mundo que creó una nación a base de sacrificio, dolor y muerte, pero que ya habían pasado a la historia que los había convertido en seres obsoletos e incómodos. Una amarga reflexión sobre el desplazamiento, la marginalidad, la soledad de esa gente que ya no tenía cabida en una sociedad que les mitificaba y les admiraba pero que al mismo tiempo les estorbaba porque eran un obstáculo para su bienestar.
Espléndido Wayne, y espléndidos sus amigos ya envejecidos que le apoyaron en su última aparición cinematográfica, James Stewart y Lauren Bacall entre otros, así como John Carradine perfecto en el breve papel de enterrador.

John Wayne y James Stewart

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