miércoles, diciembre 08, 2010

El gran Visconti y el monarca bavaro

LUIS II DE BAVIERA,
EL REY LOCO (1972)

Tal vez Luchino Visconti sea el director que mejor ha sabido retratar la muerte de un mundo que se está quedando atrás en la historia. En El gatopardo nos encontramos con un noble siciliano que es testigo del declive de su estirpe como clase dominante siendo sustituido por una burguesía paleta y advenediza.
En Luis II de Baviera, el rey loco nos encontramos con el ocaso de las monarquías europeas, ya periclitadas, que a finales del siglo XIX demostraban su incompetencia para regir los destinos de las diferentes naciones que la conforman, en este caso Baviera. Como dice la sublime Romy Schneider, en el papel de su vida, la emperatriz Elizabeth de Austria, un personaje siempre interesante, "las monarquías somos objetos de lujo sólo útiles como ornamento y objetos de decoración".
Así, Ludwig despilfarra los fondos públicos en ostentación subvencionando al compositor ególatra Richard Wagner o suntuosos castillos deshabitados de regia estampa pero nula utilidad. Un ejemplo es el castillo de Neuschwanstein (el mismo que aparece en Chitty Chitty Bang Bang) donde vivía cuando fue detenido y encarcelado.
Según se dice practicaba misas negras, pero muchos historiadores desmienten todas las acusaciones vertidas sobre su supuesta locura, así como su tendencia a despilfarrar las arcas del estado. De todas formas su reinado no fue excesivamente positivo para la ciudadanía provocando su caída que le llevó a su autodestrucción final en el lago Starnberg.
Su legado artístico es importante para Baviera, basta ver cualquier imagen del castillo antes citado usando técnicas innovadoras y creando una tradición arquitectónica en Baviera de indudable solvencia.
Otro aspecto en que se centra Visconti al exponer su narración es la relación que sostuvo con la emperatriz Elizabeth de Austria, más conocida como Sissy, protagonista de unas películas de moda en los cincuenta con Romy Schneider en edad adolescente a la que reencontramos aquí en edad adulta. El impacto de la serie rosa dio lugar a numerosos comics, novelitas e imitaciones de toda índole destinadas a las señoritas de la época en un tono que actualmente consideraríamos cursi e incluso ridículo pero que en aquel tiempo gozó de indudable aceptación.
Los historiadores niegan que Sissy, prima del rey Luis, tuvieran relaciones sentimentales y en cambio sí se especifica la homosexualidad del monarca que en el filme de Visconti apenas se apunta. Es un dato curioso porque Visconti, según se afirma además de ser un contradictorio aristócrata marxista no ocultaba sus tendencias gay ni su relación con su muso Helmut Berger.
Desgraciadamente en los últimos años el buen cine no está de moda ya que lo habitual es rendir un obsceno culto a los subproductos más ínfimos haciendo pasar por genios a unos personajes letales que han degradado el noble arte cinematográfico hasta extremos increíbles.
Por eso es oportuno aquí y ahora reivindicar la figura de Luchino Visconti, uno de los mejores autores cinematográficos de todos los tiempos.


Neuschwanstein, el castillo del rey Luis II

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