jueves, diciembre 02, 2010

El viaje al mundo interior de Fellini

FELLINI OCHO Y MEDIO

Echando una mirada al pasado, cuando estuve en un internado en una época llena de sueños y esperanzas, hacía lo imposible para ver las películas que me interesaban hasta darles la barrila a los frailes para que me dejaran ir al cine-club los jueves por la noche. Un día pasaron Fellini ocho y medio e incluso conseguí convencerles para que me acompañaran.
En la actualidad, la primera década del siglo XXI, nefasta para la cinefilia, apenas se hablan de estas películas porque los blogueros dedican su tiempo a lo que entonces llamábamos subcine o subgéneros. Se ha perdido el gusto por el buen cine y encima nos insultan. Lo ínfimo está de moda.
Pero uno es irreductible y no se le caen los anillos reconocer mis gustos cinematográficos. Recientemente he revisado mucho cine italiano, lo hago muy a menudo. Ver película tras película. Hay días que lo dedico a cineastas asiáticos, británicos, alemanes, cine mudo, latinoamericano, italiano en ese caso. Nunca veo películas de terror porque ya me tienen harto de los años que me tuve que dedicar a hablar de ellas en revistas especializadas.
El cine italiano me suele gustar, claro que hay de todo. Películas buenas, malas y mediocres. Las malas lo son con avaricia. Las buenas son excepcionales. Mi preferido es Luchino Visconti, pero están los Mario Monicelli, Dino Risi, Pietro Germi y Luigi Comencini por su forma valiente de mostrar su realidad. Viscontii era un preciosista. Fellini era otra cosa.
Tras una etapa neorealista con obras importantes como Almas sin conciencia, La strada, Las noches de Cabiria y sobretodo La dolce vita. Ésta fue prohibida por la censura, es un retrato atroz de los parásitos sociales, esa clase alta que se dedica a ir de fiesta en fiesta, que son gente inútil y descerebrada, y esos paparazzis, esos fotógrafos en pos de noticias inexistentes que se dedican a contar intimidades de los famosos.

Fellini ocho y medio supuso un cambio de estilo para el realizador italiano. Es una confesión y una mirada interior al mundo del cine en donde Fellini prácticamente se desnuda intelectualmente mostrando sus miedos y obsesiones, esos recuerdos de infancia cuando estaba en un internado con frailes, esa educación religiosa que tanto nos ha marcado y la obsesión por el erotismo. Fellini nos cuenta sus obsesiones, ese sueño con las mujeres que ha conocido en un harén delirante y esa fotografía de un blanco y negro de fuerte contraste, la música circense de Nino Rota ya presente en anteriores filmes.
Esos payasos de circo adusto desfilando en ese circo de la vida en donde los personajes que han aparecido a lo largo del metraje se ponen a bailar alrededor de la pista circular. Una película con un estilo desconcertante creando un estilo propio que en trabajos posteriores se tornó excesivo.
Fellini creó el cine onírico, aquel cine inconexo como uno de esos sueños que tenemos por las noches en donde nos pasan las cosas más imposibles.
Un estilo de cine que ya no se ve, porque los autores apenas arriesgan en la narración cinematográfica y donde se rinde culto a lo ínfimo.

1 comentario:

filomeno2006 dijo...

¿Qué opinión te merece la saga "Amici miei" (Habitación para cuatro) del recientemente fallecido Monicelli?
Saludos