lunes, octubre 18, 2010

¡QUÉ RUINA DE PELÍCULA!
(2ª parte)

Cuando apareció este libro de Juan Tejero sobre los fiascos de Hollywood me pregunté porqué llevan adjetivos películas que por otra parte me encantaron en su día y que actualmente son clásicos.
Muchos de esos batacazos son debidos a diferentes factores. Algunas fueron rodadas a destiempo, es decir cuando no era el momento adecuado. En los patrióticos Estados Unidos no podían aceptar la sátira 1941 de Steven Spielberg, un título desmadrado que tuvo mejor aceptación en Europa. Según me contó el propio Christopher Lee en el Festival de Sitges de 1986, 1941 fracasó en su estreno pero triunfó en su aparición en vídeo tal vez porque el público era distinto y era más receptivo de ese tipo de humor. Chitty Chitty Bang Bang, El Valle del Arco Iris, Camelot también patinaron cuando se estrenaron pero triunfaron en sus reposiciones, en los pases televisivos y en los vídeos (Blu-Ray, DVD o VHS) llegando a convertirse en la actualidad en clásicos muy respetados.
Tejero nos cuenta los conflictos de Hello Dolly o La balada de Cable Hoghe. Fiascos puntuales pero clasicazos con el tiempo debido a rodajes conflictivos y desagradables. Barbra Streissand se convirtió en un ser imposible, despótico, que llevó por la calle de la amargura a todo el equipo, que menospreció al director Gene Kelly y llegó a pegar a Walter Matthau. Su papel requería a una mujer madura pero la actriz entonces tenía veintitantos años siendo completamente inadecuada para el personaje. Quería que todo estuviera a su servicio como si el mundo giraba exclusivamente a su alrededor. Sam Peckinpah es uno de los grandes mitos del cine pero intratable en los rodajes como John Ford o el gran Orson Welles que convertían en un infierno aquellos en los que intervinieron.
Los productores sufrieron el egocentrismo de Zero Mostel, gran actor de teatro pero de escasa relevancia en cine, o La estrella con Julie Andrews, superproducción excesivamente centrada en la actriz que hundió prácticamente el musical. La leyenda de la ciudad sin nombre, inspirada en un musical de Broadway de Alan Jay Lerner, se disparó su presupuesto en su versión cinematográfica cambiando todo el argumento de la obra original y añadiendo los personajes de Clint Eastwood y Jean Seberg que se encontraba perdida en aquel gigantesco decorado. Eastwood echa pestes de ese rodaje y de esa película en sus declaraciones en el DVD de Harry el Sucio.
Me pregunto que sería un libro similar sobre los fiascos, no tan excesivos, de películas españolas que han fracasado por diversos motivos. De todas formas uno se da cuenta de que en realidad Hollywood es un gigante con pies de barro y que no justifica en absoluto su prepotencia en los mercados cinematográficos internacionales.

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