domingo, octubre 10, 2010

Los Romeos y Julieta del hampa

BONNIE Y CLYDE

Faye Dunaway y Warren Beatty

Una vez, en 1967, yo cogí una fuerte gripe y me vi obligado a guardar cama. Para que me entretuviera mi madre me trajo el Fotogramas de la semana (entonces era una revista semanal) . Esta fue la única vez en mi vida que mi madre tuvo que ir al kiosko para traerme la revista porque generalmente iba yo a comprar. Bien, en aquel número apareció un reportaje de Jaume Figueras sobre Bonnie and Clyde que despertó mi interés hacia la película.
Faye Dunaway y Warren Beatty eran sus protagonistas y dirigía una joven promesa, Arthur Penn, desaparecido hace poco, que se quedó en eso, en promesa.
La película marcó época y es la otra cara de la moneda de las aventuras del inspector Harry Callahan aparecidas cuatro años después.
¿Cómo es que tuvo éxito esa cinta protagonizada por dos atracadores de bancos que tuvo en jaque la policía norteamericana durante muchos años?
Penn nos lo muestra no como villanos sino como dos alocados insensatos, sus correrías contadas con música de banjo y violín, arrasaron completamente. Su canción no paraba de escucharse en la radio, la gente imitaba sus ropas, las chicas vestían como Faye Dunaway, todo un icono del glamour mundial.
Bonnie Parker ya tenía anteriormente otra película en su haber, The Bonnie Parker Story (1958) de William Witney, un título menor pero atractivo a pesar de todo. La bandida aparecía con el aniñado rostro de Dorothy Provine, actriz posteriormente dedicada a la comedia más familiar. Sin embargo estaba muy bien en ese papel y no era nada desdeñable el producto final visto en televisión en nuestro país.
La versión de Penn era electrizante, única, con un ritmo endiablado y un auténtico Cult-Movie, o sea un clasicazo recuperado actualmente por una impecable edición en Blu-Ray.


Los auténticos Bonnie y Clyde

¿Cómo es que con cuatro años de diferencia las gentes elijan como sus héroes a unos atracadores de bancos y a un policía de modos brutales? ¿No es contradictorio?
En realidad ambos representan aspectos segados de la realidad. Harry Callahan es la rebelión contra la impotencia del ciudadano medio ante el aumento incontrolado de la delincuencia con una ley que le deja indefenso. Bonnie y Clyde son dos rebeldes contra un sistema que les asfixia. Por ejemplo, actualmente muchos ciudadanos pierden sus empleos y se quedan en la más pura indigencia. Los bancos se quedan con sus pisos porque no pueden pagar las hipotecas y acaban en la calle sin miramientos.
Igual pasaba en los años en que transcurren las aventuras de esa pareja de atracadores. Aquella Gran Depresión que llevó a mucha gente a la miseria. Es significativa la secuencia en que Clyde entra a un banco para asaltarlo y se encuentra que ha quebrado. O el plano de los granjeros que se ven forzados al abandono de su granja porque los bancos se la han quedado. Desahogan su frustración disparando contra las ventanas con el revolver de Clyde.
Recordemos también cuando ambos son heridos y son acogidos por un campamento de ciudadanos desafortunados que han perdido su hogar, les atienden y les dan de comer.
Dorothy Provine en la versión de 1958
Reflexionando la comparación de ambas películas, la serie de Harry el Sucio y el Bonnie y Clyde de Penn nos acabamos de dar cuenta de su eslabón perdido. La rebelión del ciudadano medio contra quien les oprime. En un caso la delincuencia organizada que les asalta sin ninguna piedad por la calle o en sus domicilios, que les envenena con drogas y les agrede constantemente. En el otro caso con el capitalismo más salvaje que provoca crisis económicas, como la que padecemos actualmente, y nos deja indefensos, sin trabajo, sin hogares, malviviendo y pasando hambre. Enemigos contra el que apenas podemos luchar porque es más fuerte que nosotros y buscamos, tal vez equivocadamente, que alguien nos saque la castañas del fuego.
Unos confían en Dios y otros en los héroes o en ambos a la vez. Aunque la solución a nuestros problemas sería poner a la gente que nos gobierna en su sitio y exigirles eficacia, sentido común, honradez y lucidez en vez de caer en la desesperación y el nihilismo.



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En el guión original
Bonnie y Clyde eran bisexuales

Recientemente falleció el director de culto Arthur Penn, autor de un clasicazo titulado Bonnie y Clyde (1967) sobre las andanzas de un par de atracadores de bancos en la América de la Gran Depresión en los 30 del siglo pasado.
Como yo soy muy cinéfilo acostumbro mucho a ver películas y hace poco adquirí este título en cuestión. Al ver los extras, me encuentro con un par de documentales. Uno sobre los auténticos Bonnie y Clyde y otro sobre el rodaje y concepción de la famosa epopeya de esos atracadores presentados como antihéroes que en su día gozaron de gran simpatía entre las clases populares. Mucha gente vivía en la indigencia por falta de trabajo y porque los bancos les quitaban sus casas obligándoles a vivir en la intemperie, la indigencia más absoluta.
Bien. Resulta que en el guión original, Bonnie y Clyde no eran una pareja, eran un trío. Ambos tenían relaciones sexuales con el tercer bandolero, C. W. Moss. Pero el Código Hays tomó cartas en el asunto y prohibió el guión. Así Clyde Barrow, en vez de ser bisexual , como C. W. Moss que además se beneficiaba a la chica, se convierte en impotente y a éste, el tercero en discordia, en una especie de bufón interpretado por Michael J. Pollard.
Arriba los atracadores de la película, abajo los auténticos.
Vaya, vaya, qué calladitos se lo tenían.

1 comentario:

ATREYU dijo...

Hace años vi esta película por televisión y me pareció divertida, aunque también interesante.

Eso sí, me pareció un poco raro que le encontraras comparación con "Harry, El Sucio".