jueves, septiembre 30, 2010

THE END PARA ARTHUR PENN

Arthur Penn no tiene una filmografía larga pero su nombre sonó con fuerza en su época. El zurdo (1958), su ópera prima, ya llamó la atención de los críticos. El milagro de Ana Sullivan (1962) era una de las favoritas de los Cine Clubs parroquiales. Acosado !965) fue estimable pero no barrió las taquillas.
La jauría humana (1966) y sobretodo Bonnie and Clyde (1967) suponen el punto álgido de su carrera, sobretodo el segundo título que fue un importante triunfo que marcó época.
La canción de la película no dejaba de sonar en la radio en múltiples versiones, incluso en español, y muchas mujeres copiaban los vestidos de Faye Dunaway que fue automáticamente catapultada a la fama. Además este éxito provocó la aparición de numerosas imitaciones y toda clase de parodias con desigual fortuna.

Lamentablemente el resto de la filmografía de Penn fue descendente, perdiendo su aspecto corrosivo y cayendo en la más vulgar demagogia como en Pequeño Gran Hombre, revisitación de la última carga del general Custer con reminiscencias a la guerra de Vietnam, entonces tan en voga, tema recurrente de los progres en todo el mundo para atacar el Imperialismo Norteamericano.
A Penn le faltaba el talento de los grandes directores del género como John Ford, el conjunto es demasiado caricaturesco para ser creíble. Daba la impresión que si Custer masacraba poblaciones enteras indígenas porque estaba loco y la realidad no fue así, sino porque el sistema político norteamericano era y es agresivo, cruel e inhumano.
El nombre de Penn dejó de estar en primera línea y su estrella se fue apagando hasta caer en el olvido. Su muerte, en cierto modo, ha servido para recordarnos su aportación breve en la historia del cine. Para mí sus primeros trabajos fueron precisamente los mejores de toda su carrera y referente obligado de las corrientes ideológicas de aquella época convulsa y apasionante.


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