lunes, noviembre 23, 2009

CECIL B. DeMILLE

Me llega un pack de Amazon con películas del gran Cecil B. DeMille de los años 30. Yo prefiero personalmente las décadas siguientes, pero bien está recuperar los éxitos de un cineasta que consiguió reventar las taquillas pese a las pésimas críticas que recibió.
Desde el inicio del cine siempre ha existido unos profesionales en los medios que juzgan los estrenos no por cuestiones cinematográficas sino ideológicas. Le pasó a DeMille, acusado de derechista entonces y le pasa a almenábar ahora por todo lo contrario.
Aqui nos desmarcamos del elemento político para centrarnos únicamente en el cinematográfico que es el que nos interesa. DeMille fue un gran director aunque su estilo actualmente resulte sorprendente porque ese cine ya no se hace y se hace diferente.
DeMille en cada plano parece que monta un plano, repleto de extras cuidadosamente colocados y con movimientos precisos de movimientos y de cámaras. Vemos mucho trabajo en estudio, Unión Pacífico sí tiene numerosas secuencias de exteriores, pero Cleopatra y El Signo de la Cruz está casi todo realizado en interiores. Por ejemplo la llegada de Julio César a Roma con Cleopatra precedida de un grupo de bailarinas y toda la multitud ensimismada por la belleza de la reina egipcia, cada plano está recargado de elementos y de personajes episódicos.

En El Signo de la Cruz las secuencias circenses son magistrales, ningún punto muerto rodado con decorados de plató. Entre el público aparecen muchas historias marginales. En la arena combates de gladiadores y escenas de torturas sádicas amenizados con una banda de música que añaden emoción al sangriento espectáculo. Es como un antecedente de las películas gore actuales que muestran escenas terribles para diversión de públicos extraños.
Las copias son impecables, remasterizadas, pero tienen además el atractivo de recuperar todas las secuencias cortadas por las diversas censuras y por el Código Hays. Por ejemplo una danza de tonos lésbicos que son interrumpidos por los cantos de los cristianos que van hacia la prisión. Una metáfora de la superioridad de la espiritualidad sobre el hedonismo.
Y además tenemos a Claudette Colbert como mujer seductora, una actriz que se hizo famosa por sus papeles de ingenua u otros igualmente conservadores pero que en estas películas se desmelena a gusto para nuestro deleite. La Popea que se baña en leche de burra, impagable secuencia de los esclavos ordeñándolas y subiendo la leche por unas escaleras y unos gatos que se la beben. O esa Cleopatra todo glamour seduciendo a Marcon Antonio en esa nave onírica que surca las aguas del Nilo. Impagable.

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