viernes, abril 10, 2009

VIERNES SANTO CINEFILO


Ese mocita de la foto de arriba se llamaba Rita Cansino, más tarde conocida como ese pedazo de hembra que fue Rita Hayworth, la popular Gilda.
Hoy es viernes santo y las películas que dan en la televisión siempre son las mismas y además las tengo en DVD. Como las inclemencias del tiempo han sido adversas no me apetece salir a la calle para mojarme. De temas religiosos no me gusta hablar porque siempre hiere susceptibilidades y no me gusta herir al prójimo por sus creencias por mucho que no las comparta.
Pero por un casual ha caído en mis manos una película llamada algo así como La nave de Satán con el gran Spencer Tracy y Claire Trevor, la guapa rubia de La diligencia. Data de 1935 y su director es Harry Lachman. Para algunos es película de culto porque trata del culto al dinero y de que nada justifica saltarse las normas éticas para conseguirlo. Lo mejor de la película son las secuencias barrocas en que el protagonista sueña con el Infierno de La divina comedia de Dante. Imágenes dantescas muy bien conseguidas aunque ese averno sea muy irreal y absurdo, como absurdo es ese mito con el cual las diferentes confesiones religiosas nos han ido amedrentando durante siglos.
La dirección artística es de una gran calidad, se demuestra en la secuencia aludida y en los decorados del parque de atracciones dedicado a la morada de Lucifer y ese crucero final con bacanal incluida que termina en tragedia.
En estos planos aparece una jovencísima bailarina, Rita Cansino. Hollywood se fijó en ella y tras someterla a la cirugía estética (le depilaron la frente) se convirtió en el sex symbol de abajo. Una mujer que con Gilda (1945) revolucionó y escandalizó a toda una generación a pesar de que pasaron veinte años para que la pareja que formó con Glenn Ford acabara en la cama. Eso fue en La trampa del dinero (The money trap, 1965). Tanto que la Iglesia Católica (sobretodo la española) vociferó contra esa pobre mujer "disoluta" cuando ahora pasan la película en horario infantil y nadie se rasga las vestiduras.


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