miércoles, abril 15, 2009

ABURRIRSE EN TIEMPOS AMUERMADOS

No sé porque razón pero a nuestros creativos audiovisuales, mejor dicho a sus capitostes, les gusta torturarnos con la guerra civil española y la postguerra. Una de las series más exitosas de RTVE es sin duda
Amar en tiempos revueltos que va por su cuarta temporada. Los españolitos no tuvimos suficiente desgracia para soportar el franquismo sino que desde 1975 no paran de recordásnolo. El mismo equipo creo fueron los autores de una serie en TV3 titulada Temps de silenci que inspiró la presente que en su cuarta temporada parece patrocinada por una empresa de pompas fúnebres por la de gente que asesinan a mansalva.
Sin embargo ese tipo de hacer televisión no es nuevo. En los años sesenta, cuando adquirimos la primera televisión en blanco y negro se programaba en la cadena estatal, que entonces era única, una serie Los muertos no se cuentan inspirada en la novela de Bartolomé Soler.

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Bartolomé Soler

(Sabadell, 1894 - Palau de Plegamans, 1975) Narrador, ensayista y dramaturgo español. Sin apenas contar con ninguna formación académica, emigró a Latinoamérica a los dieciocho años y, tras trabajar en los más pintorescos oficios en Argentina y Chile, regresó a su ciudad natal en 1922. Ese mismo año fundó una compañía de teatro, con la que logró debutar en el prestigioso Teatro Romea de Barcelona.

Residió varios años en Madrid y, en 1930, viajó de nuevo al continente americano, para realizar una extensa gira por diferentes países de la América Hispana e impartir unos cursos de Literatura española en el estadounidense Middlebury College. Firme partidario de reivindicar, según su juicio, las afinidades culturales entre Cataluña y Castilla, el autor pronunció varias conferencias en numerosas instituciones culturales.

Bartolomé Soler fue un intelectual atípico dentro de su generación: se mostró contrario a los preceptos del noventayochismo y apenas redactó alguna obra en catalán. Influido por la experiencia americana, Soler escribía relatos trágicos sirviéndose de las técnicas del naturalismo. Al mismo tiempo, retrataba personajes de mentalidad obtusa en el seno de ambientes opresivos.

En 1927 editó su primera novela y la tituló Marcos Villarí. Otras narraciones conocidas del escritor catalán son Germán Padilla (1927); Almas de Cristal (1940); La vida encadenada, de 1945; Karú-Kinká (1946); La llanura muerta (1947); Patapalo (1949), con la que obtuvo el Premio Ciudad de Barcelona; La selva humillada (1951), y Los muertos no se cuentan (1960), por la que recibió el Premio Nacional Miguel de Cervantes.

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Es curioso. Ese autor está actualmente olvidado y en ninguna parte hacen referencia a esta serie en donde intervinieron los actores más famosos de la época. La trama era la guerra civil pero vista desde el punto franquista y los asesinos de mirada torva eran los llamados rojos, es decir los republicanos.

Sin embargo el esquema es muy parecido. Una serie de buenas personas que se ven acosadas y asesinadas por unos seres terriblemente malvados. Si antes fueron los rojos, ahora son los franquistas. Claro, los malos son siempre los otros.

Pero a pesar de todo no son tan diferentes unos de otros. Su visión del mundo es manipuladora y maníquea. Todo se reduce a una división diáfana del bien y el mal, aunque para unos y para otros, ambos estén representados por diferentes entidades. En definitiva nos vienen a decir que los buenos somos nosotros y los malos los contrarios.

Todo forma parte de una maniobra para impedir de que nos olvidemos de una parte de nuestra vida cuyos recuerdos nos traen dolor, se nos niega el derecho a superar los malos recuerdos y pasar página. No podemos ser felices, no tenemos ningún derecho a serlo por lo que pasó ayer o anteayer. No sé quién saldrá beneficiado de tan negativo mensaje.


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