jueves, mayo 15, 2008

TRAPEZI
LA FIRA DEL CIRC DE CATALUNYA


Cada año, a mediados de mayo, se celebra en mi ciudad, Reus, Trapezi, la Fira del Circ de Catalunya. Concretamente desde el 14 al 18.
Compañías de varios países acuden para representar sus actuaciones por la calle y en plazas públicas. La mayoría de las actuaciones son gratuitas y alegran la cara algo amuermada de Reus aunque sean sólo unos días.
Las compañías, generalmente familiares, proceden de Bélgica, Francia, Perú, Holanda, Italia, Marruecos, Túnez, Israel, Reino Unido y España, entre otras, nos dan una visión distinta del circo. Nada que ver con las clásicas carpas que suelen representar las mismas actuaciones, en este caso los trapecistas, clowns, malabaristas e ilusionistas ofrecen unos espectáculos generalmente insólitos y originales.

DESAFECCIÓN



Recientemente el conseller Joan Saura ha encargado con gastos al gobierno autónomo un estudio para averiguar porqué los catalanes se abstienen espectacularmente en las elecciones, sobretodo las autonómicas y el referendum sobre el Estatut donde el número de abstencionistas superó al de votantes.
A esa indiferencia del electorado catalán se le ha dado en llamar desafección.
Desafección hacia la Iglesia, que sufre una de sus peores crisis en siglos, con templos vacios y cierre de conventos por falta de vocaciones. El actual papa Benedicto XVI clama para que el sexo se utilice únicamente para fines reproductivos y no para goce personal. Se ve que no ha entendido nada. Pretenden contratar la intimidad de las personas a su gusto y eso es siempre contraproducente. Llevan siglos en que las olas de la intransigencia chocan contra el dique de la realidad. Me recuerda cuando era adolescente, en el Instituto Gaudí de Reus (ahora llamado Salvador Vilaseca) cuando los chicos íbamos por la mañana y las chicas por la tarde. Nos dejábamos mensajes en el pupitre para relacionarnos y el profesor de religión se dedicaba a interceptarlos registrando las aulas día sí y otro también. Craso error. ¿Cómo quieren que no pase factura un ataque a la intimidad de las personas para obligarlas a vivir como no quieren?
Desafección hacia el ejército. Desde que desapareció el servicio militar obligatorio y el ejército se ha profesionalizado los cuarteles están vacíos y tienen que recurrir a la inmigración. El trato que el ejército ha dispensado a los mozos que iban obligados nunca fue nada ejemplar.
Desafección hacia la política, sobretodo la autonómica. Por un lado el tema Cataluña/España. De eso habría mucho que hablar, siempre reproches mutuos y el recuerdo de una guerra de hace tres siglos que no nos dejan olvidar.
Pero se llevan la palma las elecciones catalanas, se ve que llegadas esas fechas muchos ciudadanos se abstienen y el conseller Saura se pregunta porqué. Muy sencilla la respuesta, porque estamos hartos de cierta clase de políticos que como Zapatero abren la boca para hacerse el simpático y buscar el aplauso fácil. Pero a la hora de la verdad nada de nada. Zapatero tuvo un perfecto maestro en Felipe González que en 1982 ganó las elecciones prometiendo 800.000 puestos de trabajo y al cabo de una legislatura no sólo no se crearon sino que se destruyó empleo hasta extremos inconcebibles.
Pero los políticos autonómicos se llevan la palma en el terreno de la incoherencia. Un día promulgan una ley y al siguiente organizan una manifestación para protestar por la misma. No hay quien les entienda y el electorado ha llegado a la conclusión de que todo es un cuento.
Estamos ante un problema grave de credibilidad cada vez menor. Nos encontramos ante una clase política empeñada en vivir en el pasado, en la Cataluña del siglo XVIII y anterior que siempre pretender recordarnos que era la panacea cuando no lo fue jamás.
No se piensa los problemas del siglo XXI que son gravísimos con la mirada moderna sino con la antigua. Me recuerda una película irlandesa que trataba de la realidad de este país que al independizarse continuó viviendo presa de sus mitos.
Al sentirnos huérfanos y desamparados por la administración los ciudadanos catalanes nos queda una única salida, la desafección. Y si no lo quieren entender es mejor que se retiren y dejen sus poltronas a gente que utilice la cabeza para pensar y no para decir dislates estúpidos para que encima les aplaudamos. Al pueblo se le puede engañar una vez, dos, tres, pero jamás siempre y los catalanes somos un pueblo lo suficientemente maduro para dejar que se nos tome el pelo sistemáticamente.

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PD: El president Montilla reclama con urgencia la nueva financiación para Cataluña porque tenemos un millón cuatrocientos mil ciudadanos que viven el umbral de la pobreza. Un número superior a todos los habitantes de algunas comunidades españolas y yo me pregunto, ya que se ufanan de tener tantos pobres para sacar más dinero al estado, ¿no se les cae la cara de vergüenza?


viernes, mayo 09, 2008

LOS CIEN MIL HIJOS DE SAN LUIS

Duque de Angulema

Dos días después de que Francia retirase a su embajador en Madrid, es decir el 28 de enero de 1823, Luis XVIII pronunció un importante discurso con motivo de la apertura de las Cámaras, en el que anunció solemnemente que "cien mil franceses estaban dispuestos a marchar invocando al Dios de San Luis para conservar en el trono de España a un nieto de Enrique IV". En Francia se abrió una fuerte polémica en torno a la intervención en España que se prolongó durante el mes de febrero, y hubo muchas voces en contra de la decisión. El gobierno galo tenía muy claras, sin embargo, las ventajas que reportaría la expedición. Podría servir, sobre todo, para restablecer el prestigio del ejército francés después de la derrota a manos de las potencias europeas. Por otra parte, la influencia que le proporcionaría la intervención armada en favor de Fernando VII le permitiría mover los hilos de la política española con el fin de encauzarla por derroteros más acordes con el sistema de la Francia restaurada. Pero había también unos intereses económicos y comerciales que iban a jugar un papel de gran relevancia a la hora de sopesar las ventajas y los inconvenientes de una intervención armada. La independencia de las colonias españolas en el continente americano -en vías ya de una irreversible consumación- exigía una rápida intervención si se quería evitar que Gran Bretaña fuese la única beneficiaria de este proceso. Además, el comercio que Francia seguía manteniendo con España constituía un capítulo importante en la balanza comercial de aquel país. La defensa de todos estos intereses se vería facilitada con la presencia de un ejército francés en la Península y con la presión que de esta forma podría ejercer sobre el gobierno de Fernando VII.
Los preparativos para poner en marcha la compleja maquinaria de un ejército expedicionario tan numeroso habían comenzado ya en Francia a primeros de año. Para evitar las situaciones de tensión con la población civil que se habían provocado en España con motivo de las requisas y los saqueos del ejército napoleónico para solucionar los problemas de su abastecimiento, en esta ocasión se preparó la logística de otra forma. El gobierno francés encargó al negociante Gabriel Ouvrard de toda la operación de aprovisionamiento, que gestionaba con proveedores españoles a los que pagaba al contado. Así, para éstos, la invasión de los Cien Mil hijos de San Luis no sólo no constituyó ningún motivo para levantar la resistencia, sino que se convirtió en un buen negocio.
En total, el número de los componentes del ejército del duque de Angulema se elevaba a 95.062 soldados, divididos en cuatro cuerpos y uno de reserva. Por su parte, el ejército constitucional español que se dispuso a hacerle frente, estaba dividido en cuatro cuerpos de 18.000 a 20.000 hombres cada uno. El Ejército de operación, mandado por el general Ballesteros; el Ejército de Cataluña, mandado por el general Espoz y Mina; el Ejército del centro, mandado por el general La Bisbal, y el Ejército de Castilla y de Asturias, cuyo general en jefe era Morillo. También hay que contar a los 52.000 hombres que formaban las guarniciones de las plazas fuertes, los cuales hacían elevar la suma total a 130.000 soldados. Sin embargo, la desorganización de la defensa y la escasa moral de la tropa, impedirían una resistencia eficaz contra el ejército de Angulema.
El 7 de abril atravesaron las tropas francesas el río Bidasoa, no sin antes deshacer un intento de sublevación iniciado por algunos elementos liberales dentro de sus propias filas. Se iniciaba así una campaña que tendría un desarrollo, no por previsto, menos espectacularmente rápido y eficaz. La Bisbal capituló pronto y Morillo se retiró sin combatir. Ballesteros, después de haberse batido en retirada por todo el Levante y por la Andalucía Oriental, capituló también ante el general francés Molitor en Campillo de Arenas, en la provincia de Jaén, el 4 de agosto. Sólo Espoz y Mina supo oponer una tenaz resistencia en Cataluña, hasta el punto de ser Barcelona la última ciudad que cayó en manos de los franceses.
Cuando llegaron a Madrid las noticias del rápido avance del ejército de Angulema, el Gobierno y las Cortes decidieron, por razones de seguridad, trasladarse hacia el sur. El Rey y la familia real quisieron negarse a acompañarles, y a pesar de que los médicos certificaron que Fernando no podía ponerse en camino sin peligro para su salud, éste no tuvo más remedio que transigir ante las presiones de los liberales.
Cuando las tropas francesas llegaron a Madrid se creyó conveniente nombrar una Regencia para que se encargarse de administrar el país y de organizar el ejército, al mismo tiempo que debería ponerse de acuerdo con los aliados para liberar al rey. Reunidos los Consejos de Castilla y de Indias propusieron al duque del Infantado, al de Montemar, al Obispo de Osma, al barón de Eroles y a Antonio Gómez Calderón. Aprobada esta Regencia por el duque de Angulema, comenzó su actuación nombrando un gobierno y adoptando algunas medidas encaminadas a restablecer las instituciones del Antiguo Régimen.
El 10 de abril llegó la familia real a Sevilla y al día siguiente lo hizo la comisión permanente de las Cortes. A partir de entonces y hasta el 11 de junio, la capital andaluza se convertiría en la sede de las más altas instancias de la nación y las Cortes seguirían desarrollando en ella su labor hasta el momento en que tuviesen que trasladarse a Cádizante el avance del ejército francés. Pero de nuevo Fernando VII se negó a trasladarse, en esta ocasión a Cádiz, pues confiaba en su pronta liberación por parte de las tropas enviadas por su primo Luis XVIII. Fue Alcalá Galiano quien, basándose en el artículo 187 de la Constitución que establecía el nombramiento de una Regencia provisional cuando el rey se encontrase en la imposibilidad de ejercer su autoridad por causa física o moral, consiguió que las Cortes forzasen al monarca y a su familia a partir para Cádiz.
Cádiz había sido una ciudad inexpugnable para el ejército de Napoleón, pues sólo con una flota le hubiese sido posible completar el cerco de la ciudad. Ahora las circunstancias eran distintas. No existía ese ambiente de exaltación patriótica que se había producido en aquella ocasión y, además, Angulema contaba con varios barcos que podían cortar las comunicaciones marítimas de la ciudad y colaborar con las fuerzas terrestres en las operaciones que se disponían a llevar a cabo. Las Cortes y los gobiernos que se sucedieron en aquel verano de 1823 no fueron capaces de encontrar soluciones para evitar su caída y la ayuda inglesa que se esperaba no iba a llegar. Sólo la Milicia Nacional se mostraba dispuesta a resistir hasta el final. Ante tales circunstancias, los liberales parlamentaron con Fernando VII y con Angulema por separado y aceptaron liberar al monarca si a cambio se prometía el olvido del pasado. Fernando, que incumpliría su promesa nada más verse liberado de sus captores, pudo por fin reunirse con el Duque de Angulema en el Puerto de Santa María el 1 de octubre. Una nueva etapa, marcada otra vez por el signo del absolutismo, se abría a partir de aquel momento: era la última década del reinado de Fernando VII, quien se mantendría en el trono sin nuevas limitaciones ni condicionantes por parte de los liberales hasta su muerte en 1833.

De ARTE E HISTORIA

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Siempre se nos ha dicho que Francia y el resto de Europa representa la modernidad y que España es el paradigma de la caverna. En 1823 no era así. Tras la Guerra de la Independencia y las Cortes de Cádiz, los españoles querían ser ciudadanos y no súbditos. Deseaban un Estado Moderno, pero Europa sofocó esas ansias de libertad aplastando al nuevo régimen con la intervención armada de las tropas francesas, expulsadas años antes tras la derrota de Napoleón, que invadieron nuestro país para arrebatarnos lo que en justicia era nuestro y obligándonos a vivir bajo un gobierno retrógrado, restaurando el Tribunal de la Santa Inquisición que había sido abolido.
Hago esta reflexión para salir al paso de ciertos comentarios a los que he aludido en la entrada del 2 de mayo y que deberían hacernos recapacitar. Decían que "Africa empezaba por los Pirineos", que somos un pueblo genéticamente reaccionario. Pero cada vez que hemos intentado estar en la vanguardia de Europa recibimos palos a diestro y siniestro.
Este incidente con la invasión de los Hijos de San Luis supone un hito en la Historia, por vez primera fuerzas internacionales, en este caso francesas, invaden un país para derrocar un gobierno legítimo y restaurar otro reaccionario obligándonos a caminar hacia atrás en la evolución política, recortando nuestras libertades y nuestros derechos.

viernes, mayo 02, 2008

40 AÑOS TRAS LA UTOPÍAHace 40 años unas protestas estudiantiles en París hicieron temblar el mundo. Se trataba del famoso Mayo del 68, una de las raras revoluciones que no recurrieron a la violencia terrorista para afianzarse. Al contrario de las Revoluciones jacobinas como la francesa a finales del siglo XVIII con Madame Guillotina cortando cabezas, la española de 1936 (muchos se olvidan de que en Cataluña hubo una revolución libertaria) y su persecución religiosa o la truculenta que organizaron los Lenin y Trosky en Rusia, la revuelta de 68 hizo historia por su filosofía.
Se atacó el machismo, el racismo, nuestra forma de vivir. "Una revolución que exige que mueres por ella no es ninguna revolución" dijeron. Se fomentó el hedonismo, el amor libre, la imaginación, la fantasía.
Ideas que han fermentado parcialmente pues que el mundo nunca más fue el mismo desde entonces. Yo la viví cuando era joven y la veía como algo muy lejano. Recuerdo la crónica de Terence Moix en Cannes cuando unos manifestantes entraron en la sala donde se proyectaba Peppermint Frappé de Carlos Saura y bajaron el telón interrumpiendo la proyección y provocando la suspensión del Certamen que según la mencionada revista estaba ya caduco.
El 1975 cuando falleció el Generalísimo Franco me sentí decepcionado por el cambio muy alejado del espíritu del 68. Un espíritu que supuso incluso una revolución en la forma de hacer cine y en las expresiones culturales.
Mas que una algarrada supuso una transformación de las ideas y de las consciencias. el mundo ya no fue el mismo desde entonces.


El hedonismo de "El último tango en París"

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En Mayo 68 se reivindicaba a Mao Tse Tung como principal lider revolucionario. ¿Qué deberían pensar de
Tiananmen los antiguos participantes de la revuelta estudiantil? ¿Y de la violenta Revolución Cultural china? ¿Y de Pol Pot, hijo bastardo del maoísmo?
Alguna miopía sí que tendrían.

200 AÑOS DESPUÉS

En el día de hoy, 2 de mayo de 1908, se celebra la conmemoración del doscientos aniversarios de una monumental revuelta popular contra los invasores franceses al mando de Napoleón Bonaparte. Una revuelta que siempre se ha visto envuelta de una aureola romántica pero que siempre es producto de una aguda reflexión.
En una mini serie de televisión protagonizada por Christian Clavier sobre Napoleón Bonaparte, que convendría revisar, veiamos al famoso emperador compartiendo mesa con los reyes de España Carlos IV y su sucesor Fernando VII. Estos eran presentados como personas deplorables y el corso les espetaba: "Vosotros no os merecéis un pueblo como el español que da la vida para que volváis al trono". Desgraciadamente tenía razón.
Al acabar la contienda, para acabar con las cortes de Cádiz, Fernando VII llamó a los hijos de San Luis y las tropas francesas, expulsadas de España años antes, regresaron para quitar a los españoles aquellas libertades por las cuales aquellos hicieron una Revolución en la que guillotinaron a la familia real.
En Cataluña se dieron hechos heroicos como los de Gerona y Tarragona pero también vergonzosos como los de Reus donde las tropas francesas recibieron al invasor con bandas de música.

La Guerra de la Independencia, llamada aquí la Guerra del Francés, suele presentarse siempre como años románticos y heroicos. También por haber inventado las guerrillas, aunque eso no sea cierto ya que existieron en la Guerra de Sucesión o durante la Invasión romana.
Pero ante todo fue un desperdicio humano porque los españoles lucharon por un rey nefasto.

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Increíble pero cierto. Madame Pilar Rahola en Els m
atins de TV3 abomina de estas celebraciones "patrióticas" propias de la España Negra, el Tribunal de la Santa Inquisición y no se qué más porque ella es afrancesada.
Esas tonterías son muy frecuentes en este personaje tan ilustre, pero para responderla basta con narrar el episodio de Tarragona. Naturalmente todos los ciudadanos asesinados por esos energúmenos serán para ella un puñado de gente casposa y los invasores un ejemplo de civismo impresionante. Pero al parecer sólo tienen derecho a la vida la gente como ella, con su pintoresca ideología política que, como recordamos, con su Partit per la Independencia se saldó con un sonado fracaso en las urnas.

TARRAGONA 1811
Monumento a los héroes de Tarragona

Este año se conmemora el segundo centenario de la Guerra de la Independencia, llamada en Cataluña "la Guerra del Francés", en la cual nuestra ciudad tuvo una importancia extraordinaria por su heróica defensa.

A finales del siglo XVIII la población de Cataluña era de unos 900.000 habitantes repartidos desigualmente por todo el territorio. En 1787, la ciudad de Barcelona tenía 119.227 h.; la de Tarragona, 8.899 h.; mientras que las vecinas ciudades de Reus alcanzaba los 14.454, y la de Valls 8.209 habitantes.

La estrutura activa de la ciudad de Tarragona era aproximadamente la misma que tenía en la Edad Media: payeses 32%, menestrales 23%, gente de mar 13%, comerciantes 2,2%, eclesiásticos 22,4%, diversos 2,2&.

En los inicios de 1811, Tarragona era la única plaza fuerte y capital de provincia del Princpado que se mantenía en manos españolas y de hecho constituía la posición base de todas las fuerzas de Cataluña. Ello daba particular significación a la codicia francesa en conseguir esta ciudad.

El general suizo Teodoro Reding organizó las fuerzas catalanas y consiguió que el ejército francés del general Saint-Cyr fracasara antes de entrar en Tarragona. A mediados de abril, el general Suchet inició el sitio de Lleida que duró dos semanas, acabando con la toma de la ciudad. El general español Enrique O'Donnell que comandaba la plaza de Tortosa quedó herido en combate y con este pretexto dimitió y se embarcó hacia Mallorca ante la decepción e irritación de los tortosinos. Según dice Josep Fontana: "El mando militar pasó entonces a manos del marqués de Campoverde, llevado al poder por un extraño alboroto iniciado en Reus por un capellán , el padre Coris, y culminado en Tarragona, como dice un testimonio de la época, por una manifestación de doscienos cincuenta desconocidos, capitaneados por un sacerdote indiscreto", consiguiendo que Campoverde llegase a ostentar un poder omnímodo fundamentándose en el soporte popular. En enero de 1811 aía Tortosa al mando de Suchet.

Campoverde, acabó su corta y vergonzosa actuación, abandonando cobardamente Tarragona, llevándose con él una compañía de soldados que estaban destinados para la defensa de la plaza, con excusa de ir a buscar refuerzos. La ciudad, contando con sus propias fuerzas, hizo una defensa heróica del sitio durante treinta días hasta final de junio de 1811. Fue ganada al asalto siendo víctima de la brutalidad de los conquistadores, que se vengaron de su resistencia. Se calcula que más de cinco mil personas de todas las edades fueron sacrificadas y violadas, siendo la ciudad saqueada y destruida.

Destacó en la defensa de Tarragona el general español Juan Senén de Contreras, que gravemente herido fue internado en Francia y encerrado en el castillo de Bouillon, de donde se pudo escapar al año siguiente. Llegó a Londés y fue donde se imprimió su "Relación del Sitio de Tarragona".

El coronel Juan González de Castro, gobernador de Tarragona y jefe del segundo regimiento de Saboya durante el sitio de 1811, murió luchando contra los asaltantes napoleónicos en las escaleras de la Catedral el día 29 de junio.

Conseguido el triunfo de Tarragona el general Suchet recibió de Napoleón el bastón de Mariscal del Imperio. Pero aquella victoria también significó el inicio de su declive por el tiempo y esfuerzos desplegados por los franceses en el sitio y asalto de la antiquísima ciudad amurallada, permitiendo que el ejército inglés aliado con las tropas españolas avanzase desde el sur de la península obligando la retirada del mariscal Suchet y su tropa a su vuelta de paso por la sacrificada y herócia ciudad de Tarragona los días 18 y 19 de agosto de 1813, Llenos de odio y deseos de venganza, la soldadesca acabó de saquear y destruir casas y edificios como los castillos de Pilatos y del Patriarca. El único lugar minado que se salvó fue el fuerte inmediato a la capilla de San Magín, gracias a que la mecha que se había colocado, no prendió.bEllo ocurría el día del santo co-patrono de la ciudad y se consideró un milagro.

El esculor moraebrense Julio Antonio (1889-1919), supo plasmar magistralmente la tragedia tarraconense en el grupo escultórico del monumento "Tarragona als Herois de 1811", conmemorativo del primer centenario del Sitio. La figura central de la matrona romana desnuda simboliza la ciudad de Tarragona y sostiene con ambos brazos el cuerpo desnudo e inerme de un hombre, que a su vez representa la sacrificada población tarraconense. Al lado de éste, sentado a los pies de la matrona se halla la figura desnuda de un joven desfallecido que con el brazo derecho sostiene su espada, simbolizando a uno de los valientes soldados que entregaron su vida en la defensa de Tarragona.


ERNEST VALLHONRAT I LLURBA


(Publicado en "Diari de Tarragona". Martes, 15 de enero de 2007).



Placa conmemorativo del sitio a Tarragona