jueves, febrero 28, 2008

EL OSCAR DE BARDEM



Javier Bardem se ha convertido en el primer actor que ha obtenido el Oscar de la Academia de Hollywood aunque sea "de reparto". La noticia tiene su aspecto alegre y otra triste porque resulta lamentable que los españoles y las españolas para triunfar deban buscar su oportunidad en el extranjero. No sólo artistas como actores, actrices, cantantes, pintores, cineastas. Incluso médicos, científicos, deben hacer las maletas para triunfar allende de nuestras fronteras.
Recuerdo una entrevista a Xavier Cugat en la que declaraba que para un español es más fácil triunfar en los Estados Unidos que en España porque en nuestra piel de toro se lleva mucho la envidia pero también los prejuicios hacia lo nacional. Y en el caso catalán es aún peor. Por regla general se maltrata a nuestra gente y se les obliga a la emigración si no quieren llevar una vida mediocre y oscura.
Penélope Cruz que ha obtenido Goyas a la mejor actriz por Las cosas del querer al cruzar el charco sufrió un auténtico linchamiento en nuestra prensa y a Javier Bardem se le reprocha sus actividades políticas que si bien son discutibles, como no, no se pueden utilizar para negarle el pan y la sal.
Es cierto que en España muchos artistas utilizan la política para subir, eso no es ético pero es comprensible en nuestro contexto en donde jamás se le da una oportunidad a nadie.
Javier Bardem ha conseguido un Oscar, un actor español no puede triunfar en nuestra cinematografía porque la mayoría de nuestras películas no se estrenan, aburren, y tienen el público en contra. Sólo Hollywood nos puede dar la oportunidad de triunfar de verdad porque sus películas sí llegan a las pantallas, porque sí gustan a los públicos de todos los países, y su trabajo es apreciado desmontando la teoría de que nuestros profesionales carecen de valores. Nada más lejos de la realidad. Lo que funciona mal en España no son sus gentes, es el sistema de producción y distribución de películas que se mueven por criterios extraños ajenos a los intereses del público y de la misma profesión.
Tal vez la tendencia cambie, pero uno es siempre pesimista por sistema y no creo que con cuotas de pantallas y protecciones podamos levantar una industria enferma por sus vicios y su artificiosidad.



Javier Bardem y Penélope Cruz

jueves, febrero 21, 2008

Lumnie Sopi en "Ana(t)ema"


EL CINE DE KOSOVO
Lumnie Sopi en "Ana(t)ema"


Pasado domingo se hizo pública la independencia de Kosovo armándose el consiguiente revuelo mediático y el rechazo de algunos países, entre ellos España, en reconocer al nuevo estado. La hipocresía siempre ha sido nuestro peor defecto, porque no podemos olvidar que a finales del siglo pasado el gobierno socialista de Felipe González intervino en la llamada Guerra de los Balcanes en la que Serbia fue bombardeada por la limpieza étnica practicada precisamente contra el pueblo albanokosovar.
No voy a entrar en detalles políticos porque no son de mi competencia. Muchos serbios se lamentan de que unos inmigrantes se hayan independizado, desgajando una parte de su territorio, pero no me gusta echar leña al fuego en una disputa que enfrenta a dos pueblos por la sencilla razón de que soy pacifista y no me gusta la violencia proceda de donde proceda.
Sí me voy a referir al nacimiento del cine kosovar.
En la pasada Mostra de Valencia conocí a la actriz Lumnie Sopi y a su marido el realizador Agim Sopi. Presentaban una película llamada Anatema precisamente bajo pabellón kosovar aunque oficialmente la película sea albanesa. Lumnie me preguntó porqué no había incluido Kosovo en mi libro Manual del cine mediterráneo y le respondí que hasta que la independencia no sea oficial no puedo hablar de este estado.
Actualmente como la independencia es ya un hecho sí puedo hablar del cine kosovar una de sus primeras películas es precisamente la que nos ocupa.
Anatema trata precisamente de la violencia en los Balcanes y de sus consecuencias, también de la hipocresía de la sociedad en este caso la kosovar porque el argumento gira alrededor de una periodista (Lumnie Sopi) que es violada, junto a otras mujeres kosovares, por unos soldados serbios quedándose embarazada. Ese hecho desencadena que la protagonista se vea mancillada por los serbios, pero al mismo tiempo marginada y vilipendiada por su propio pueblo que no acepta que de sus entrañas haya nacido el hijo de un enemigo.
La situación dice muy poco sobre el pueblo kosovar porque su reacción es poco racional, una criatura se define por la educación que recibe y las influencias que perciba, no será nunca un enemigo por cuestiones genéticas.
La trama gira alrededor del aislamiento que sufre el personaje central y denuncia la violencia serbia, el tráfico de niños recién nacidos que venden a matrimonios que no hayan podido tener descendencia biológica.
También sale malparada la OTAN, muy despistada ideologicamente, aunque el desarrollo de la película transcurra por la senda del cine de género. Esperemos más muestras de esta naciente cinematografía y deseamos que la zona llamada de los Balcanes encuentre de una vez la paz que tanto necesitan.




Salvador Sáinz y Lumnie Sopi

sábado, febrero 02, 2008

La princesa de los Ursinos (1947)

MANIPULACIONES HISTORICAS

Ana María de la Trémouille

Cada noche, después de cenar, tengo la costumbre de ver dos películas en DVD o de las emitidas por la propia TV. Recientemente he tenido la oportunidad de revisar algunas peliculas y series de corte histórico. Ayer mismo, sin ir más lejos, me encontré la serie de Yo Claudio con Derek Jacobi a precio de saldo y naturalmente ha ido directa a mi colección.
La noche anterior pude visionar dos cintas de tema hispánico. Una es Juárez (1939) de William Dieterle con Paul Muni. Se trata de una producción ambiciosa contando las intrigas del rey francés Napoleón III, un dictador, quien para defender los intereses de los terratenientes franceses en México (expoliados por Benito Juárez, presidente constitucional) coloca un Emperador títere, Maximiliano de Austria, en el trono mexicano provocando una revuelta para restaurar la constitución y la democracia, encarnada en un lider indígena, un indio, llamado Benito Juárez.
Paul Muni borda el personaje que da titulo a la película como era habitual en él, hace un alarde de sus habilidades para la caracterización en personajes variopintos, y la película tiene sus virtudes y defectos. El principal error de esa clase de cine es olvidar un hecho natural como el idioma. Juárez recibe una carta de Abraham Lincoln en inglés y la lee como si fuera su idioma, pero las cartas que redacta, los edictos que hace públicos se realizan en la lengua de Shakespeare cuando todos sabemos que en México se habla castellano. Además el emperador austriaco, que se supone hablaba alemán, llega a México hablando un español de Valladolid o un inglés de Oxford en la versión original norteamericana. ¿Dónde aprendería el idioma de los mexicanos no más llegar?
En la parte positiva la película muestra los comportamientos de los dos personajes y trata de comprenderlos a los dos, Maximiliano no era un villano sino un títere de Napoleón III, y trató de gobernar con justicia pero los acontecimientos le dejaron sólo y acabó en el paredón. Juárez era un lider carismático pero con su triunfo la nación nunca consiguió la estabilidad y tras su muerte vino la época de Pancho Villa y Emiliano Zapata.
La otra película que visioné fue La princesa de los Ursinos (1947) de Luis de Lucía, con guión de Carlos Blanco. Es curioso pero trata de la famosa guerra de Sucesión que asoló España a principios del siglo XVIII y que como sabe acabó con la caída de Barcelona y el Decreto de Nueva Planta.
Me parece recordar que no hay otra película sobre el tema, al menos no lo conozco. Pero en esta ocasión la contienda se vé desde el punto de vista del Borbón, es decir Felipe V. Es decir que se nos muestra la parte de la historia que se nos escamotea en todas las Diadas catalanas y en eso radica su interés, pero la película en sí es pobre de producción y bastante infantil de planteamiento.
Para empezar de nuevo nos encontramos con los convencionalismos idiomáticos. La princesa de los Ursinos,
Ana María de la Trémouille, llega a España sabiendo un perfecto castellano y además es una mujer joven y bella (Ana Mariscal) cuando en realidad ya era mayor cuando cruzó los Pirineos. Felipe V jamás aprendió el castellano y en la película parece que había nacido en Guadalajara adquiriendo la perfecta dicción de Fernando Rey. Una anotación, no se menciona para nada el episodio de Cataluña ni la intervención del Reino de Aragón en la contienda.
La falta de dinero provoca que el director recurra a la elipsis para evitar mostrar las escenas bélicas que aparecen brevemente. Luis Lucía al menos era un profesional astuto que sabe escamotear lo que no podía rodar por falta de presupuesto o por parte de la intervención de la censura que parece haber metido mano en el guión, lo que justificaría el "olvido" del mencionado episodio de Cataluña.
Sin embargo la visión siempre es oportuna para demostrar que no todo es blanco o negro sino que siempre hay muchos matices. La Guerra de Sucesión fue dura, sangrienta y gratuita, como las guerras carlistas y la guerra civil del 36.
Lo que distingue ambas cintas es que en el primero no hay un maniqueísmo evidente y en el segundo sí. Los peninsulares siempre interpretamos la historia como si fuera un conflicto del Bien contra el Mal: "Los buenos somos nosotros y los malos los demás". Tanto la película de Lucía como las Diadas, en sentido opuesto ambas, caen en el mismo error. Se olvida que la Historia es en realidad una ciencia y que detrás de todo acontecimiento hay una serie de intereses generalmente mezquinos. Mientras tanto, los pueblos van a morir como carne de cañón siendo manipulados con unas ideas presuntamente patrióticas pero que en realidad esconden intenciones sórdidas como el enriquecimiento de los parásitos de turno.
La princesa de los Ursinos real fue una mujer ambiciosa, manipuladora, y el rey Felipe V un títere en sus manos, sobretodo cuando quedó viudo, y se movía al son de las titiriteras de turno como la mencionada
Ana María de la Trémouille y más tarde de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, que bien merecería otra película.