sábado, febrero 02, 2008

La princesa de los Ursinos (1947)

MANIPULACIONES HISTORICAS

Ana María de la Trémouille

Cada noche, después de cenar, tengo la costumbre de ver dos películas en DVD o de las emitidas por la propia TV. Recientemente he tenido la oportunidad de revisar algunas peliculas y series de corte histórico. Ayer mismo, sin ir más lejos, me encontré la serie de Yo Claudio con Derek Jacobi a precio de saldo y naturalmente ha ido directa a mi colección.
La noche anterior pude visionar dos cintas de tema hispánico. Una es Juárez (1939) de William Dieterle con Paul Muni. Se trata de una producción ambiciosa contando las intrigas del rey francés Napoleón III, un dictador, quien para defender los intereses de los terratenientes franceses en México (expoliados por Benito Juárez, presidente constitucional) coloca un Emperador títere, Maximiliano de Austria, en el trono mexicano provocando una revuelta para restaurar la constitución y la democracia, encarnada en un lider indígena, un indio, llamado Benito Juárez.
Paul Muni borda el personaje que da titulo a la película como era habitual en él, hace un alarde de sus habilidades para la caracterización en personajes variopintos, y la película tiene sus virtudes y defectos. El principal error de esa clase de cine es olvidar un hecho natural como el idioma. Juárez recibe una carta de Abraham Lincoln en inglés y la lee como si fuera su idioma, pero las cartas que redacta, los edictos que hace públicos se realizan en la lengua de Shakespeare cuando todos sabemos que en México se habla castellano. Además el emperador austriaco, que se supone hablaba alemán, llega a México hablando un español de Valladolid o un inglés de Oxford en la versión original norteamericana. ¿Dónde aprendería el idioma de los mexicanos no más llegar?
En la parte positiva la película muestra los comportamientos de los dos personajes y trata de comprenderlos a los dos, Maximiliano no era un villano sino un títere de Napoleón III, y trató de gobernar con justicia pero los acontecimientos le dejaron sólo y acabó en el paredón. Juárez era un lider carismático pero con su triunfo la nación nunca consiguió la estabilidad y tras su muerte vino la época de Pancho Villa y Emiliano Zapata.
La otra película que visioné fue La princesa de los Ursinos (1947) de Luis de Lucía, con guión de Carlos Blanco. Es curioso pero trata de la famosa guerra de Sucesión que asoló España a principios del siglo XVIII y que como sabe acabó con la caída de Barcelona y el Decreto de Nueva Planta.
Me parece recordar que no hay otra película sobre el tema, al menos no lo conozco. Pero en esta ocasión la contienda se vé desde el punto de vista del Borbón, es decir Felipe V. Es decir que se nos muestra la parte de la historia que se nos escamotea en todas las Diadas catalanas y en eso radica su interés, pero la película en sí es pobre de producción y bastante infantil de planteamiento.
Para empezar de nuevo nos encontramos con los convencionalismos idiomáticos. La princesa de los Ursinos,
Ana María de la Trémouille, llega a España sabiendo un perfecto castellano y además es una mujer joven y bella (Ana Mariscal) cuando en realidad ya era mayor cuando cruzó los Pirineos. Felipe V jamás aprendió el castellano y en la película parece que había nacido en Guadalajara adquiriendo la perfecta dicción de Fernando Rey. Una anotación, no se menciona para nada el episodio de Cataluña ni la intervención del Reino de Aragón en la contienda.
La falta de dinero provoca que el director recurra a la elipsis para evitar mostrar las escenas bélicas que aparecen brevemente. Luis Lucía al menos era un profesional astuto que sabe escamotear lo que no podía rodar por falta de presupuesto o por parte de la intervención de la censura que parece haber metido mano en el guión, lo que justificaría el "olvido" del mencionado episodio de Cataluña.
Sin embargo la visión siempre es oportuna para demostrar que no todo es blanco o negro sino que siempre hay muchos matices. La Guerra de Sucesión fue dura, sangrienta y gratuita, como las guerras carlistas y la guerra civil del 36.
Lo que distingue ambas cintas es que en el primero no hay un maniqueísmo evidente y en el segundo sí. Los peninsulares siempre interpretamos la historia como si fuera un conflicto del Bien contra el Mal: "Los buenos somos nosotros y los malos los demás". Tanto la película de Lucía como las Diadas, en sentido opuesto ambas, caen en el mismo error. Se olvida que la Historia es en realidad una ciencia y que detrás de todo acontecimiento hay una serie de intereses generalmente mezquinos. Mientras tanto, los pueblos van a morir como carne de cañón siendo manipulados con unas ideas presuntamente patrióticas pero que en realidad esconden intenciones sórdidas como el enriquecimiento de los parásitos de turno.
La princesa de los Ursinos real fue una mujer ambiciosa, manipuladora, y el rey Felipe V un títere en sus manos, sobretodo cuando quedó viudo, y se movía al son de las titiriteras de turno como la mencionada
Ana María de la Trémouille y más tarde de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, que bien merecería otra película.

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