sábado, septiembre 01, 2007

AMAR EN TIEMPOS REVUELTOS

Amar en tiempos revueltos es una teleserie de TVE que suelen dar a primera orden de la tarde y que trata de una serie de amores y desamores en la España franquista, los años cuarenta para ser más exactos. Como suele ocurrir los franquistas de tan malos parecen la bruja mala de Blancanieves más que seres humanos. La Guerra Civil, el franquismo son temas muy complejos de los que siempre hemos visto una versión parcial tanto en los años de su mandato como en los actuales donde presuntamente estamos en una democracia parlamentaria.
Hay mucha hipocresía sobre estos temas porque siempre ha faltado valor para enfrentarse a lo que podríamos denominar "versión oficial" de los hechos, es un tema difícil y complicado.
En la primera temporada el personaje principal, llamada Andrea (Ana Turpin) hija de una familia pudiente y de derechas se casa con un revolucionario. El personaje era bastante cargante y pedante por lo que la serie no despertó mi interés.
La segunda me interesó algo más, una joven Elisa que desea ser cantante y su amor complicado con un escritor en ciernes.
En la tercera temporada, que acaba de empezar, la protagonista es Alicia la hija de un republicano que pierde a su padre (su madre murió tiempo atrás) y quede irse a vivir al seno de una familia de esas que eran muy de derechas en la que no encaja y con la que tiene multitud de problemas.
El franquismo ocupó los 25 primeros años de mi vida y su recuerdo es agridulce. Pero por lo general veo que se le trata de una forma un tanto hipócrita. En el presente caso la situación de Alicia (Sara Casasnovas) me resulta muy familiar. Al ver los primeros episodios me dio la sensación de haberlo vivido antes porque ese personaje se me parecía a mí en aquella época.
Vivir rodeado de gentes que piensan diferente, que pretenden pensar y decidir por ti, lo que te conviene y lo que no te conviene, sin consultarte tu opinión, gritándote y amenazándote. El conformismo del entorno.
En otros casos no me suelo identificar como en el caso del párroco don Senen, que es malísimo, y no coinciden con los párrocos que yo he tenido que eran excelentes personas. Tal vez con los salesianos en cuyo colegio estuve un año terrible en 1960.
Las vivencias personales siempre son distintas. Recuerdo que nos hacían cantar el "Cara al Sol" en el instituto, y que me daba risa. El ambiente asfixiante del mismo, fui el único alumno que se negó a pertenecer a la OJE (una asociación juvenil de Falange) donde se afiliaron gentes que en la actualidad organizan mitines socialistas o comunistas.
Pero la situación de verme incomprendido por el entorno no desapareció con el Régimen, me quedé estupefacto al ver quienes estaban al frente de la nueva sociedad, e incluso en la actualidad sigo viviendo esta extraña sensación.
El caso de coadjutor que se enrolla con una joven y tiene un hijo con ella, pasó precisamente en mi parroquia y recuerdo aquel salvaje linchamiento que sufrió aquel pobre hombre que además era o es (pues ignoro si aún vive) una excelente persona. Se tuvo que marchar de ese Reus que dicen que era tan ansioso de libertad pero que fue implacable y se mostró intolerante de forma radicalmente injusta.
Otro cosa que me llama la atención. en la nueva temporada aparece una productora que se llama Numacia films, que es imaginaria, que desea rodar una película sobre el general Prim (lo hizo José Buchs en 1930, por cierto, y fracasó comercialmente) y el ejército infiltra un espía en la productora porque, según ellos, el mundo del cine es un nido de comunistas cuando yo estuve escuchando todo lo contrario por parte de numerosos historiadores de cine que decían que los cineastas españoles eran todos unos fachas.
Se vé que el asesor de guiones Rodolfo Sirera aún no se ha enterado.

Sara Casasnovas

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Para mí uno de los defectos de la serie es intentar hacernos creer que estas situaciones eran propias del franquismo, craso error. La España retrógrada ha existido siempre desde el tiempo de los íberos, tanto en Castilla como en Cataluña, el País Vasco y Galicia.
Y no digamos países que presumen de democráticos.
Recuerdo que en mi juventud, allá por el año 1971, recibimos en el colegio la visita de unas alumnas francesas que estudiaban español. Venían de Lyon por cierto. Nosotros aprendíamos francés y nuestra maestra era la madre de la profesora que a esas chicas enseñaba el castellano.
Algún compañero de clase se casó años después con alguna de aquellas francesitas, pero lo que nos sorprendió fue cuando unos meses después, unas chicas que eran de mi curso las fueron a visitar a su Lyon, y comprobamos que la educación que recibían era mucho más rígida que la nuestra. Nos quedamos prácticamente pasmados.
Apenas las dejaban salir de casa, vivían recluidas como monjas de clausura y su nivel de libertad era muy inferior al de las chicas de nuestro país tutelado por una dictadura. Para nosotros Francia era un mito, una tierra donde creíamos que se podía hacer lo que se quería. Pero no era así, nunca fue así.
La Ley de la Memoria Histórica es muy parcial, demasiado.
Lo malo es que nosotros vivimos de mitos y los mitos sólo son fantasías.


1 comentario:

filomeno2006 dijo...

Como diría un portugués : " Pois é....."