martes, julio 10, 2007

VENGANZA PANTACRUÉLICA

Uno está más que harto de la dictadura de la delgadez. Desde hace varios años tengo que hacer régimen para perder peso pero en los últimos años ya me está siendo difícil por mucho que lo intente.
Está lo que los dietístas llaman "comer sano", lo que traducido al lenguaje práctico resulta algo así como una perversa tortura gastronómica, un auténtico desacato culinario un día sí y otro también. Eso me hizo temer la hora de comer por encontrarnos en la mesa esos platos tan sanos como insípidos con lo que los dietistas nos torturan de forma cruel y despiadada.
Además cuesta un horror bajar peso, pero lo grave es la falta de humor, el desequilibrio al vernos privados de uno de los mayores alicientes de nuestra existencia. Se confunde lo sano con lo insulso.
Además lo de sano es más que discutible porque siempre tiene efectos adversos, el bajar peso a veces crea trastornos psíquicos y físicos graves. Una dieta de comida insulsa, mal llamada sana, es una puerta abierta a la desesperación y al aburrimiento.
Harto de tanta dieta he sentido la imperiosa necesidad de una vendetta de primera y he acudido a un restaurante japonés en la carretera de Salou. Además del sushi y de esa salsa verde que sabe a dinamita, me he obsequiado con un bufete libre absolutamente pantacruélico. Por cuatro asquerosos días que vivimos y encima nos los hemos de amargar por quítame allá unos kilitos.

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ACTUALIZACIÓN 13 de julio: Ayer fuí a la estamotóloga por una enfermedad provocada por los fármacos que los galenos me recetan creándome intoxicación. Una guapa moza la doctora. Me ha prohibido la dieta Gestapo para adelgazar por efectos adversos.
Cuando salí de la consulta lo fui a celebrar con una buena cerveza en la Plaza de la Sardana, me dieron unas cortezas de tapas y las compartí con un alegre perrito que movía lo colita (la de atrás, no seáis malpensados).


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